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domingo, 17 de julio de 2011

POEMAS DESDE EL SUBSUELO: LA HUMEDAD DE LOS ESPEJOS


POEMAS DESDE EL SUBSUELO: La humedad de los espejos


Mírame aquí, exiliado del verbo y de los hombres
No tengo en mis manos la cosecha del tiempo
ni puedo satisfacer tu hambre de futuro y de trincheras
con un poco de sal que sabe al infinito.
Mírame aquí , dentro de una metafísica incierta
con el vientre lamiendo el horizonte
y la textura triste del crepúsculo y la aurora.
Puedes quererme, pese a todo, o tal vez olvidarme,
moler a palos mis ideas en cada madrugada
o besar el llanto que amalgama el hoy con los principios
Puedes desollarte con mis labios ancestrales
y sembrar mi pecho con las espinas de tus rosas.
¿Acaso importa la lápida o el mármol?
¿Acaso cuenta el misterio y la desdicha?
Mírame aquí, como un chacal bajo la luna
con los colmillos sangrando de impotencia
removiendo los enjambres de la greda
en busca del rincón y del origen.
Obsérvame en éste raquítico espacio
en que la tierra es el cementerio del cielo
y el cielo un cuento de hadas
que te adormece en el enigma de una idea.
Puedes irte, pese a todo… o recordarme
¿Acaso cuenta saber si aun te amo?
¿Acaso importa una mano ungida de lirismo?
Puedes gritarlo o callar…es lo mismo,
lo adivino en la humedad de los espejos
en éstas manos que guardan
solo un poco de sal que sabe al infinito.-

Walter Faila
Publicado por Walter Faila en 16:03

Poemas a una Mujer: Ángeles de papel maché


Poemas a una Mujer: Ángeles de papel maché


Huyo de las alturas y de la turba
entre pájaros flautistas por la senda de los lobos
Huyo de nadie por los caminos siniestros
donde abundan las promesas no cumplidas
y una niña arma ángeles de papel maché
al orilla de una fogata helada.
Busco refugio en las barrancas del tiempo
mientras un excitado sol se mete
bajo las polleras de las tinieblas
para lamer el cálido semen del crepúsculo.
Tú me observas sorprendida, incrédula,
esperado que el ocaso cuestione
las lujurias de la luz y la neblina.
Me observas… a mí,
que te bajé las últimas estrellas
mientras jugabas a borrar con tus dedos
las hojas amarillas de la luna.
¿Quién te dijo, mujer, que la noche no dormía?
¿Quién te contó la fábula del amor eterno?
¿De la paz inclaudicable,
de la igualdad y de la justicia?
Huyo de ti que no me encuentras
Huyo de mí que no me hallo
Huyo del mundo que me duele más que nunca
que nunca me dolió mas que ahora.
Escapo de las várices que sangran en la tierra
por los contornos del caos y la violencia.
Huyo de las aves que nunca me enseñaron a volar
y del vuelo que me estrelló tantas veces
en las alcantarillas nauseabundas de la realidad.
Huyo de un dios que se olvidó de decirme que existía
y de la existencia de un dios que no deseo conocer.
Huyo de la voz y de la espina…es decir
de la palabra y de la flor
porque no tengo nada que decir ni a quien amar
Porque ya no quiero decir ni amar
Porque Eros quitó el gemido del Olimpo
y Thánatos beso mi corazón encrucijado.
Huyo de Eros y de Thánatos,
porque se que aún me miras
escondida detrás de todos los relojes
inyectada de vértigo y misterio
oculta en una niña de sangre y seda
armando y desarmando
ángeles de papel maché
a la orilla de una fogata helada.

Walter Faila