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martes, 10 de enero de 2012

POEMAS DESDE EL SUBSUELO: POEMA NEGRO


POEMAS DESDE EL SUBSUELO: Poema negro


La noche tensa los hilos de las flacas marionetas
que caminan despatarradas por la mente
Buenos Aires abre las piernas entre sus rotos vestidos
mientras los fantasmas cruzan los límites de las sombras
Es hoy, quizá sea hoy, cuando la luna generala
cierre fluctuante los cuarteles de la primavera otoñal.
Tal vez sea hoy, cuando explote la savia de los tallos
y las flores se estremezcan entre cantos y gemidos.
Pero ya ves, todo sabe a vasta hipocresía
en ésta estancia efímera donde moran los buitres
y colapsa sin barreras el tic tac de los relojes.
Ni Buenos Aires ni la noche, ni la primavera otoñal,
Ni la savia de los tallos, ni el gemido de las flores
¡Nada! Solo la nada vestida de ausencia
en un eco de trenes que conducen al averno.
Ni ser ni no ser, ni existir ni dejar de hacerlo
¿Cuándo quepa en la oquedad de la nostalgia?
¿Dónde se fabrican los destellos de la risa?
Filosofías de cuerdas flojas rodean las palabras
Un vaso de optimismo ajeno y una copa de vino
Da lo mismo una ranchera que un tango
Un vals peruano que una chacarera
El mundo es uno solo cuando uno solo es mucho
demasiado para contener un cuerpo y una mente
rebasados por los contornos del caos
en la anatomía escueta de un osario humano.
¡Venid, venid a mí!
Caucásico prisma de la indolente noche
que un rostro diferente me mira con ojos distintos
y la vida se ha hecho añicos entre las cien puertas
de éste laberinto oscuro donde solo se observa
los ojos de un niño, acunando triste, mi alma de poeta.-

domingo, 17 de julio de 2011

Poemas a una Mujer: Ángeles de papel maché


Poemas a una Mujer: Ángeles de papel maché


Huyo de las alturas y de la turba
entre pájaros flautistas por la senda de los lobos
Huyo de nadie por los caminos siniestros
donde abundan las promesas no cumplidas
y una niña arma ángeles de papel maché
al orilla de una fogata helada.
Busco refugio en las barrancas del tiempo
mientras un excitado sol se mete
bajo las polleras de las tinieblas
para lamer el cálido semen del crepúsculo.
Tú me observas sorprendida, incrédula,
esperado que el ocaso cuestione
las lujurias de la luz y la neblina.
Me observas… a mí,
que te bajé las últimas estrellas
mientras jugabas a borrar con tus dedos
las hojas amarillas de la luna.
¿Quién te dijo, mujer, que la noche no dormía?
¿Quién te contó la fábula del amor eterno?
¿De la paz inclaudicable,
de la igualdad y de la justicia?
Huyo de ti que no me encuentras
Huyo de mí que no me hallo
Huyo del mundo que me duele más que nunca
que nunca me dolió mas que ahora.
Escapo de las várices que sangran en la tierra
por los contornos del caos y la violencia.
Huyo de las aves que nunca me enseñaron a volar
y del vuelo que me estrelló tantas veces
en las alcantarillas nauseabundas de la realidad.
Huyo de un dios que se olvidó de decirme que existía
y de la existencia de un dios que no deseo conocer.
Huyo de la voz y de la espina…es decir
de la palabra y de la flor
porque no tengo nada que decir ni a quien amar
Porque ya no quiero decir ni amar
Porque Eros quitó el gemido del Olimpo
y Thánatos beso mi corazón encrucijado.
Huyo de Eros y de Thánatos,
porque se que aún me miras
escondida detrás de todos los relojes
inyectada de vértigo y misterio
oculta en una niña de sangre y seda
armando y desarmando
ángeles de papel maché
a la orilla de una fogata helada.

Walter Faila